... “los trovadores hemos perdido la esencia del folclor paisa que trasegó por los caminos de herradura, enmarcada en la figura del arriero. ...”

 

Nuestro personaje es un hombre sencillo y sensible. Y aunque su irrupción en cualquier sitio tiene la sutileza del felino, el apodo que lo identifica en el mundo de la trova, el ‘Tigrillo’, no tiene nada que ver con su particular forma de abordar la escena cotidiana de Armenia. Es un personaje de baja estatura pero de alto desempeño. Prueba irrefutable de la calidad y obstinación de su trabajo y creatividad lo constituye el hecho de que, sin presumir ni eructar gallina, puede comprobar que vive de su arte, y además vive bien, sin premuras ni acosos. Es extraño para un medio como Armenia, donde el 99 por ciento de los artistas están en malas condiciones, bien sea saliendo de una crisis o ingresando a otra.


Cuando se le somete a la inevitable interrogación ¿cómo se hizo trovero?, es contundente en su respuesta. No se hizo: nació. Como quien invoca una célebre frase que brilla en una antigua universidad española:” Lo que natura no da Salamanca no lo presta”. En definitiva, para el ‘Tigrillo’ el talento es fundamental en ese difícil arte del repentismo.


Lorenzo Gañán Velarde es el nombre que se oculta dentro de la cédula de este personaje, nacido en Riosucio Caldas, un 15 de septiembre de 1949. Aunque tener un apodo es condición sine qua non para ejercer como trovero, lo de ‘Tigrillo’ proviene de su larga vinculación laboral a una empresa antioqueña, Suramericana de Seguros. De los seguros saltó a la docencia, también en Risaralda, y poco a poco incursionó en el ámbito de la trova, adonde llegó para quedarse.


Con todo, aún le saca tiempo a sus compromisos que son del orden nacional. En virtud de un negocio realizado con un hermano, de buenas a primeras resultó involucrado en menesteres panaderiles. Por eso se precia de hacer un exclusivo pandebono, amén de otros amasijos. Tiene el ojo y el tacto del negociante nato, lo cual le ha permitido trasegar por la finca raíz, aunque en el momento está comercializando cajas de cartón al por mayor en Pereira. Y aunque suene a cuento, también es socio y constructor de puertas y ventanas “arrodilladas”, del estilo colonial antioqueño. A pesar de todos sus rebusques, que además incluyen trabajos editoriales y fonográficos, no es hombre ambicioso y mucho menos tacaño.


Al contrario, sus sueños están enfilados hacia objetivos altruistas, como enseñar, transmitir toda su experiencia como educador que alguna vez fue y como padre de seis hijos, dos de los cuales, de 12 y 17 años, mujeres, estudian bachillerato artístico en Fundanza de Armenia.


El terremoto del Eje Cafetero, en 1999, lo vinculó con Armenia y el Quindío mediante la radionovela Los nuevos vecinos, emitida entonces a través de las cadenas RCN y Caracol, en enlace con todas las emisoras comunitarias que la tragedia de un modo u otro ayudó a gestar. La experiencia de la radionovela, dice él, fue definitiva en el afincamiento de sus ideales y proyectos de humor. Su voz se escuchó a lo largo, ancho y profundo de 120 capítulos, en su condición de narrador omnisciente, con un marcado acento de ancestros paisas.


Para el ‘Tigrillo’, la modalidad de la trova, en todas sus vertientes, ha sido uno de los géneros que con mayor ahínco y calidad ha cultivado en su limpia trayectoria. Sin recurrir a la rima vulgar, ha conseguido alcanzar la virtud de trovador fundacional dentro del panorama de la trova colombiana. Por esa circunstancia es reclamado en todos los auditorios, festivales y encuentros que se relacionan con esa modalidad de la picaresca, cuyos orígenes hay que buscarlos en el fondo del barril de la historia universal, cuando los juglares y rapsodas transitaban todos los caminos llevando y trayendo noticias, relatos de uno y mil temas, con la consabida dosis de humor, de chisme y exageración.


Por desgracia, suele acontecer en nuestro medio, en nuestro territorio, que las expresiones artísticas vayan depreciándose por obra y gracia del mercado y del facilismo. De ahí que sea un lugar común que muchos trovadores recurran a la vulgaridad, la ramplonería y a las fórmulas prediseñadas con el fin de buscar el aplauso fácil, la carcajada del público, sin tener que bucear en la originalidad de los temas, sin verse obligados a recrear la actualidad, el contexto histórico, político y social, que en últimas es la verdadera e irremplazable fuente de la creación estética.


Es usual en su labor que haga una caricatura de la realidad política y social del país. O que traiga a escena toda una época de asombros y supercherías a través de la figura del culebrero. Acostumbra también incluir en sus programas una sesión de ratoneo, que pone a prueba a los troveros mediante el empleo deliberado de trovas cojas, con palabras de dislocado acento que conducen irremediablemente a la risa. Por supuesto que no faltan las parodias de una serie de canciones que sirven de marco para recrear los acontecimientos que vive y padece Colombia. De similar factura es la retahíla, divertimento a manera de relato, creado alrededor de cosas u objetos específicos, como por ejemplo las marcas de carros, los nombres de los barrios, etc. Además, todo el poder de la invención, el prodigio y la exageración de la lengua paisa son encarnados en escena mediante el show del mentiroso. Por último, en un derroche de capacidades, los trovadores se enfrentan a una faena de trova dobletiada, ejercicio difícil, que requiere tanto de agilidad mental como de picardía.


En 1990 nació otra de sus creaciones: Verso y cultura, fundación folclórica, literaria y ambiental, mediante la cual y a través de la lúdica, se transmite el mensaje de la protección del medio ambiente. Con esta herramienta pedagógica, el ‘Tigrillo’ consiguió realizar sendos trabajos con la empresa de aseo de Pereira y de Riosucio Caldas, la de Envigado Antioquia e incluso Tuta-Boyacá.


Este singular artista de 59 años de edad, descubierto por el trovador antioqueño Milagros Emilio Medina por allá en l980, sostiene con firmeza que “los trovadores hemos perdido la esencia del folclor paisa que trasegó por los caminos de herradura, enmarcada en la figura del arriero. El arriero era un captador de hechos, de cultura, de vivencias, que luego transmitía. Eso se perdió. Muchos trovadores actuales sólo se limitan a rimar, cayendo casi siempre en el panfleto, la vulgaridad. Es decir, se sucumbió ante el facilismo. Desde luego que existen muchos trovadores cultos con miradas profundas sobre las circunstancias históricas; ellos son los que han podido llegar a los medios respetables de comunicación radial y televisiva”.


Les recomienda a los trovadores nóveles, para que su trabajo sea importante y trascienda, que rescaten las verdaderas raíces y hagan de ese talento una verdadera manifestación cultural.

 

¿No cree usted que pese a las buenas intenciones, el quedarse siempre atado al pasado, al folclor, tenga un efecto contrario al que sugiere?

La cultura, la vivacidad y el talento iban de la mano y eso se perdió. Se trata de rescatar la creatividad, la audacia, la picaresca antioqueña de buena factura, sin que implique un sacrificio de la evolución y la apertura necesaria y deseable hacia nuevas formas.

 

A propósito de formas, ¿podría sintetizarnos en un ejemplo cuáles son las más usuales dentro de la trova?
Las dos tradicionales formas de trova son la campesina y la sencilla. Deben llevar la rima en el segundo y el cuarto verso:
De Antioquia llegan arrieros/ con tesón ganas y bríos/ a transmitir su pujanza/y a construir el Quindío.
Y difieren en cuanto a la música, que es preestablecida: La campesina tiene forma de bambuco y la sencilla tiene un ritmo de origen antioqueño.


En cuanto a la trova dobletiada, son dos trovas seguidas, con una música alegre o parrandera:
Abriendo trochas llegaron / por toda nuestra comarca/ y fundaron a Salento/de nuestros pueblos patriarca/ Después otras poblaciones/ marcaron su evolución/y ahora son el orgullo/de nuestra bella nación.


Existe una especie de común denominador en el humorismo y es el tema político. ¿A qué le atribuye este hecho?
El humor y la política son la mejor combinación para mamarle gallo a la tristeza, para decir verdades, para criticar y hacer reír pensando. Acuérdese del papel de los bufones de la Corte. Los políticos dan papaya todos los días por la marcada corrupción en que navegan. Incluso el humorista llega a plantearles soluciones, alternativas, pero es vano. A propósito, a un político le preguntan: ¿Es cierto que este país es muy corrupto?, por lo que responde: ¿Cuánto me da si le contesto?


Considera nuestro personaje que en la figura del culebrero se perpetúa la tradición oral nacida de la medicina empírica y es el rescate más afortunado y auténtico, si bien hoy en día se tiende a sobrecargar su discurso con exageraciones que desdibujan la autenticidad original.


Para este hiperactivo trovero el Quindío es maravilloso y considera que tiene de sobra el terreno abonado para hacer florecer la cultura paisa por su gran atractivo. Todos los foráneos disfrutan de esa cultura atravesada por el gracejo y la picaresca.

 

¿No cree usted que el termino cultura paisa es excluyente y en cierto modo xenofóbico, teniendo en cuenta que el Quindío se formó de cuatro departamentos, amén de la gente que venía a recolectar el café y a cultivar como los boyacenses, santandereanos, los de Fusa…?
No creo que la cultura paisa sea excluyente porque la gran mayoría de los quindianos proviene de esa cultura. La hemos transitado y es con la que más nos identificamos. Sin pretender demeritar el aporte de otras culturas en la formación del ser quindiano, estas no lograron trascender de manera tan puntual en la idiosincrasia regional.

 

Desde su perspectiva como artista colombiano ¿cuál es su gran sueño?
Sin duda que lograr ser conferencista sobre la tradición oral colombiana en varias universidades de España. A propósito, sobre esa materia tengo un record que me enorgullece: he tocado ese tema y visitado, hasta el momento, mil quinientas sesenta y tres universidades y colegios del país. Quiero seguir trabajando la cultura ciudadana y hacer sonar en todos los rincones mi música parrandera.


El Tigrillo ha bautizado su nuevo espectáculo como Aguapanelapuntoshow, nombre que además recibe su grupo de teatro costumbrista y el primer trabajo fonográfico. Su segunda incursión en el disco compacto se llama Rumba Carnavalera, dedicado al carnaval de Riosucio Caldas. El tercero es un trabajo comercial, por encargo, para una prestigiosa firma comercial de Antioquia, un mensaje institucional.


No se puede dejar de anotar su producción literaria. Chispaisa, es el certero título de su primer libro que contiene anécdotas y humor antioqueño. Su segunda inmersión literaria es Hagamos humor con el idioma castellano, un lúdico y pedagógico trabajo destinado a divertir y hacer humor sin vulgarizar. Existe un tercer libro, en preparación, dedicado a la crianza de los hijos. En este trabajo, el ‘Tigrillo’ se aparta del humor y busca poner de relieve la necesidad de crear escuelas de padres que en verdad asuman y se preocupen por cumplir su misión formadora.

 

 

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