Hoy las calles de Colombia y el mundo se colmaron de gritos y voces contra el flagelo del secuestro y la violencia que abundan hoy en nuestro país, en una lucha unánime porque el sentimiento del pueblo se escuche hasta en los lugares más recónditos del planeta.
Hoy las calles de Colombia y el mundo se colmaron de gritos y voces contra el flagelo del secuestro y la violencia que abundan hoy en nuestro país, en una lucha unánime porque el sentimiento del pueblo se escuche hasta en los lugares más recónditos del planeta.
Hombres, mujeres, niños, ancianos, colombianos, extranjeros, con colores de piel diferentes y de clase social diversas, asistieron a la convocatoria de la marcha del 4 de febrero en la Plaza de Bolívar de Pereira, para exigir la liberación de las personas que se encuentran actualmente en cautiverio.
Los pereiranos no dudaron en salir a las calles a refutar con indignación las arbitrariedades de las FARC y otros grupos al margen de la ley, que se dedican a privar de la libertad a los seres humanos.
La marcha comenzó desde las 11 y 30 desde la Plaza de Bolívar de la capital risaraldense, para luego desplazarse por la carrera séptima hasta el parque El Lago Uribe Uribe. Posteriormente los pereiranos se desplazaron por la carrera octava hasta la calle dieciséis para culminar la protesta pacífica en la Plaza Ciudad Victoria, donde se reunieron con gritos de rechazo hacia los grupos revolucionarios y voces de aliento para quienes aun se hallan secuestrados en las selvas colombianas.

Pancartas y estampados con todo tipo de mensajes se hicieron notar durante la manifestación por la libertad de los secuestrados, empezando por las camisetas que todos lucían con orgullo por el mensaje de “Colombia Soy Yo. No más secuestros. No más mentiras. No más Muertes. No más FARC” y un cartel que decía “FARC 44 millones de Colombianos los odiamos”, entre muchas otras frases que reclamaban la libertad y la paz.
Con bombas blancas de helio y Banderas de Colombia se manifestó el pueblo pereirano, para pedir el respeto y la libertad, y así cantaron hoy más fuerte que nunca el Himno Nacional, aquel que cuando escuchamos nos eriza la piel, nos agranda el corazón de Orgullo por ser Colombianos y nos llena de tristeza por el dolor de patria.
Periodista Ciudadeje
Pereira 4 de febrero de 2008