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Ómar Loaiza es uno de los expositores del V Salón BAT de Arte Popular y vive de la apicultura.

 

La primera vez que Ómar de Jesús Loaiza fue a comprar óleos, se confundió. El vendedor tuvo que aclararle que los tubos que estaba señalando en la vitrina eran, en realidad,
acrílicos.
Eso fue hace unas tres décadas. Hoy, a sus 54 años, cuenta la anécdota mientras se ríe del principiante que era entonces. “Cuando uno está aprendiendo, en la marcha, comete
todos los errores del mundo pero aprende”, dice.

OmarLoaiza

La entrevista se da en la sala Olimpia del Teatro Los Fundadores, en Manizales, donde su obra 'Un mundo de paz y abundancia' estará expuesta hasta el martes 10 de octubre. El
cuadro hace parte de la itinerancia nacional 2016-2018 del V Salón BAT de Arte Popular, por lo que su próxima parada será en Ibagué.

Pero Ómar se define, sobre todo, como un hombre rural. Nació en La Merced pero casi siempre ha vivido en Palestina, ambos municipios en Caldas. Su historia con la pintura solo
empezó ya crecido, como estudiante de los hogares juveniles campesinos y gracias a una monja y al escritor Gabriel García Márquez.

La hermana Margarita Naranjo quedó impresionada por la cartelera que su pupilo había hecho por encargo para el Día del Idioma de 1983. Esta era un homenaje al autor de Cien años
de soledad que, meses antes, había recibido el Premio Nobel de Literatura.


“A ella se le metió que yo era un artista y empezó a regalarme un pincel, un vinilo, cualquier cosa. Pero era un problema porque cada lunes me preguntaba qué había hecho”,
recuerda el campesino-pintor.

Su siguiente obra fue una carátula para 'María', la novela de Jorge Isaacs. “Hoy en día me da risa verla –asegura Loaiza– pero, para ella (la religiosa), en ese momento, eso fue
lo máximo”.

Desde entonces, la hermana Margarita se convirtió en su primera maestra de artes plásticas. Le enseñó nociones de perspectiva, proporciones y manejo del color para que siguiera
con su práctica.

“Entonces, yo ya me lo estaba creyendo y fue cuando tomé un lápiz y empecé a hacer los típicos”. Es así como Ómar llama a una serie de dibujos de los personajes más
representativos de Palestina en esa época, como el señor Tulio y otro al que le decían ‘Rábano’.

Cuando le llevó el resultado a su mentora, ella supo que el alumno ya la había superado. “Hasta aquí llegué yo”, dijo la hermana Naranjo y, acto seguido, le recomendó que
buscara a un artista profesional que le enseñara más técnica. En palabras de Omar, “me soltó para que continuara con mi trabajo”.

Pero él tenía otros planes. A pesar del apoyo de su familia y de que se ganó una beca para estudiar arte, se decantó por la carrera de administración agropecuaria. “Yo he sido
una persona con un proyecto de vida muy claro desde joven, entendiendo las limitaciones que tenemos nosotros, los campesinos”, explica.

No obstante, nunca abandonó los lienzos. Con los años, empezó a exponer en el Eje Cafetero e incluso llegó a comenzar un curso de pintura en Armenia.

“Pero el profesor quería que hiciera borrón y cuenta nueva y eso no se puede. La academia tiene ese pecado: ellos quieren que los estudiantes pinten lo mismo que ellos. Una de
las ventajas del arte popular es que cada quien dice lo que le da la gana”, afirma.

La idea del Salón BAT es rescatar expresiones empíricas como la suya. De hecho, Ómar confiesa que estaba dejando de pintar para dedicarse de lleno a la apicultura, pero el haber
sido seleccionado para esta muestra “me ha sacudido porque me ayuda a darme cuenta de que no me han olvidado”.

El tema de la exposición es la multiculturalidad, por lo que el cuadro de Loaiza busca enviar un mensaje contra la discriminación, con tres niños de diferentes etnias y clases
sociales que comparten la miel de un panal. Este está en una cruz de madera, que representa la fe, en la que se posa la paloma blanca de la paz.

Para él, “ya son dos pasiones, las abejas y la pintura”. Eso lo llevó a incluir a los insectos –de los que asegura que “tienen su magia”–, como símbolo de prosperidad en la
obra. El arte y el campo, unidos para construir una mejor sociedad.


TOMADO DE: www.eltiempo.com