Internet, en su forma más física y terrenal, es una maraña de cables de fibra óptica que atraviesa el Primer Mundo.

El periodista estadounidense Andrew Blum lanzó hace poco tiempo el libro ‘Tubes, A Journey to the Center of The Internet‘ (Tubos, un viaje al centro de Internet), en el que cuenta el resultado de una exploración en la infraestructura física de la que depende la existencia misma de la Red: centros de datos escondidos en medio de la nada, edificios viejos y polvorientos que funcionan como centrales de redes y cables que de vez en cuando se rompen o son mordidos por ratones.
Aunque la red parece estar en todas partes -en casas, oficinas, bolsillos y demás-, su infraestructura física crítica está en unos pocos lugares. Como le dijo Blum a BBC Mundo, “piensas en la Internet como algo disperso, amorfo, pero el hecho es que los centros están muy definidos“: ciudades como Londres, Nueva York, Ámsterdam y Tokio.
De hecho, Blum le ayudó a la revista Forbes a elaborar un mapa de Internet, que fue publicado por Mashable (clic aquí para ver el mapa). Mientras el hemisferio norte está plagado de las líneas amarillas que señalizan los cables de fibra óptica, en el sur las redes no son tan abundantes. De hecho, según el mapa, en toda Latinoamérica hay muchos menos puertos de llegada de redes de fibra óptica que en ciudades como Seúl o Nueva York.
De hecho, en ’la Gran Manzana’ la acumulación de puntos de fibra óptica es tan grande que -según anota Mashable- la ciudad tuvo que obligar a los operadores a señalizar, con un pequeño poste blanco y anaranjado, los puntos en los cuales hay cables debajo del asfalto. El objetivo es que los constructores no vayan a seccionar uno de estos cables accidentalmente y, con eso, a dejar sin el servicio a una buena parte de la ciudad. O, incluso, del mundo.
Eso, según Blum, da una muestra de la debilidad de Internet. Un solo problema en un centro de datos puede dejar sin el servicio a una enorme cantidad de suscriptores, aunque a veces pasan cosas más extrañas: él mismo cuenta -según Boston.com- que la idea del libro surgió luego de que los técnicos de la ISP que le presta servicio le dijeron que la mala conexión de su casa se debía a que los ratones estaban royendo el cable. Y, como recuerda la BBC, una mujer dejó sin Internet a toda Armenia (el país de Europa Oriental) tras cortar un cable por accidente.
Además, el hecho de que la parte física de Internet esté en tan pocas manos les permite -según el sitio británico- “a países como China impedir a los ciudadanos el acceso a determinados contenidos“. A medida que la legislación para restringir la Red avanza, uno de los principales retos para mantener la libertad y neutralidad de la Web será poner a salvo los cables y los servidores de la voracidad restrictiva de algunos agentes.







